Tipos de Realidad y Tipos de Perspectiva

Muchas veces, a veces en las cosas más banales (como un cuento, por ejemplo), dudamos del lugar en el que se encuentra la frontera entre la realidad y el mito, entre lo verdadero y lo fantástico. De vez en cuando pensamos también que cualquier cosa que escapa nuestra percepción sensorial no es real, es decir, que lo que no podemos ver, tocar u oír no forma parte de la realidad. Definir, pues, lo que es la realidad, es una labor difícil, pero sumamente importante al estudiar al amor, al noviazgo o al matrimonio.

El mundo de lo real está compuesto por todo lo que es estudiable, por lo que es comprensible por medio de la razón. Por experiencia, quizá, o simplemente por el estudio que hemos hecho individualmente y que han hecho miles de personas antes de nosotros, sabemos que la realidad está formada por dos modalidades que, aunque son diferentes, tienen el mismo grado de realidad. Ambas son, en otras palabras, igual de reales.

Por un lado, está el mundo de las cosas materiales. Éste va desde lo más simple y pequeño, como un átomo o el ADN, pasando por la maravillosa y enorme complejidad de nuestro cuerpo o de los animales y los bosques  hasta llegar a la inmensidad de los planetas y las estrellas. El mundo material incluye también todo el espectro de las invenciones del hombre, desde una silla hasta una computadora.

Por otra parte está la realidad inmaterial. A ella pertenecen esas cosas que a pesar de que no pueden ser vistas, pesadas o medidas y de que son más difíciles de entender, forman parte de la naturaleza espiritual que poseemos como seres humanos. Nuestras intenciones, nuestras ideas, sueños e ilusiones, nuestras mismas acciones…la amistad, los vínculos familiares o los jurídicos y, por supuesto, cualquier expresión del amor, son los componentes de esta otra parte de la realidad. Cualquiera que haya vivido sabrá que todo esto es real; más real, si cabe, que muchas otras cosas que sí podemos ver y tocar.

Como se dijo al principio, todo lo real es estudiable. Nuestra inteligencia, aunque tenga sus limitaciones, puede ir penetrando y comprendiendo la realidad poco a poco. Gracias a ella podemos verificar nuestro conocimiento, afianzar lo que ya sabemos y rectificar nuestros errores. De este último punto sale por necesidad la observación de que el estudio de la realidad debe ser flexible: muchas veces el camino más corto a la meta es dar unos pasos hacia atrás y volver a comenzar. Uno no puede pretender tener siempre la razón; el error es parte del hombre, y muchas veces el error es una oportunidad idónea para obtener después un mejor avance. Al estudiar la realidad, se debe tener en cuenta que no es algo simple, o sea, que admite muchas perspectivas y que cada una de ellas puede aportar algo significativo y acertado al panorama general. Por lo tanto, la realidad implica interdisciplinariedad al requerir diferentes perspectivas y diferentes niveles de profundidad. Por ejemplo, al estudiar una relación amorosa, pueden intervenir el derecho, la psicología, la sociología, incluso la medicina; y cada una profundizará lo que pueda. El conocimiento de la realidad exige, además de los elementos ya mencionados, profundidad, y para profundizar es necesario amar la realidad, desafiarla, estudiarla con pasión pero también con apertura…implica humildad, sobretodo.

Todo este análisis puede parecer un poco tedioso; demasiadas palabras, muchos términos incomprensibles y complicados…pero es crucial entender que llegar a comprender el significado de la realidad es como haber subido un escalón en nuestro entendimiento de cualquier otra cosa. Si se entiende, por ejemplo, lo que es un ser humano, resulta mucho más fácil estudiar por separado cada uno de sus sistemas o sus órganos; pero si nos enfocáramos en el pulmón sin saber que forma parte de un todo más grande y más complejo, de nada serviría nuestro estudio. Por eso, antes de querer comprender el significado del amor, del noviazgo y del matrimonio, se debe entender al menos un poco mejor la realidad que los engloba.

Como último elemento de este análisis de la realidad, hemos de decir que la realidad de cualquier cosa se localiza fuera de nosotros y que está contenida en cualquier objeto que nosotros estemos estudiando. Poco a poco nos vamos formando en nuestra mente representaciones más o menos adecuadas de esta realidad externa, pero como ya se dijo, la realidad está allí antes de que busquemos entenderla, y está allí, totalmente real, a pesar de que nuestro entendimiento de ella sea erróneo o incompleto.


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Nuestra Postura Frente a la Realidad

Estudiar una realidad requiere el ajustar nuestra mente a la realidad y no intentar que la realidad se adecue a nuestros deseos o ilusiones. Independientemente de lo mucho o poco que conozcamos y entendamos de cierta realidad, esta realidades. La realidad no es como nosotros la queramos, al contrario, hay que esforzarse por entenderla tal cual es. Por consiguiente, el amor, el noviazgo y el matrimonio son algo real por sí mismos, sin importar el modo, bueno o malo, como los vivimos. Al conocer lo que es sabremos lo que debe ser, se puede llegar a ver los errores que se están cometiendo, y así avanzar poco a poco en un camino hacia el ideal de amor.


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El Ecologismo Realista y Personalista

La naturaleza y la cultura coexisten en la existencia del ser humano; cada persona es lo que es gracias a su naturaleza, pero también gracias a la cultura que lo rodea.

Hay cosas que son una invención de la cultura humana, como por ejemplo el cine, la aviación o el teatro. Otras, sin embargo, tienen sin ninguna duda un origen natural; son propios de la naturaleza del ser humano, son una parte de él, y han existido a través de todos los tiempos y de todas las clases sociales. El amor es el ejemplo más representativo de este último caso: nadie inventó el amor, y el amor no podría desaparecer repentinamente sin causar ningún efecto sobre la humanidad. El amor es la estructura y la dinámica más propia y radical de la persona, y no queda duda de su origen absolutamente natural.

A pesar de esto, también es cierto que toda dimensión natural del hombre se vive dentro de una cultura, pues la cultura es el modo particular en el que el hombre, en un momento histórico determinado, vive y experimenta sus dimensiones naturales. De este modo, amar nos es natural, pero definitivamente amamos dentro de un contexto cultural. Las culturas implican modos, mejores o peores, de vivir la dimensión amorosa natural del hombre. Desde esta perspectiva, hoy estamos presenciando una época de crisis de las formas con que hemos vivido en la cultura el amor y el matrimonio; estamos asistiendo a la agonía del matrimonio legal. Por eso, en esta obra el esfuerzo se dirige a ofrecer un intento serio por avanzar hacia modos más armónicos de conjugar en el amor a la cultura y a la naturaleza, por avanzar en encontrar la ecología del amor y de localizar a las formas culturales en su debida dimensión.


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