Introducción

Se ha decidido dedicar este último capítulo a nuestro público cristiano (católico), para quienes el matrimonio posee una dimensión trascendente, y también a quienes no siéndolo tal vez les resulte intelectualmente interesante o curiosa esta visión sobre el matrimonio. No se pretende presentar una visión exhaustiva sobre la materia, sino simplemente reflejar aquellos hallazgos que los autores estimamos deben ser incluidos en una obra como esta, ejerciendo el derecho fundamental de los fieles cristianos a expresar sus pensamientos y comunicar a otros sus experiencias.


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Planteamiento del Problema

Algunas dudas que surgieron al incursionar en este tema fueron las siguientes: ¿El llamado matrimonio sacramento es un matrimonio distinto al matrimonio en sí?Si el matrimonio no es un invento de la Iglesia, ¿qué significa eso de que sea sacramento?¿Si yo me caso por lo civil y además por la Iglesia tengo dos matrimonios, dos uniones conyugales, con elementos y propiedades estructurales diversas o el matrimonio es sólo uno e igual para todos en cuanto a su estructura?¿Qué le añade la sacramentalidad al matrimonio? ¿Las propiedades y elementos estructurales de la unión conyugal lo son del matrimonio o lo son del sacramento?

Las ideas que se desarrollarán han sido tomadas de diversos autores y especialistas, pero se han planteado novedosamente y con una organización original y diferente.


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El Punto de Partida

Denominar ‘Sacramento’ al matrimonio es una particularidad cristiana, por eso, primero se ha de considerar qué significa que un amante sea cristiano, para que a partir de ahí sea posible entender el matrimonio de los cristianos que es al que se le denomina Sacramento. Uno, como persona, como amante, no nace cristiano, sino que tiene que hacerse cristiano. Esto equivale a hacerse miembro del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. se precisa tiempo y empeño para consolidar una conversión y madurar en la fe, para asimilar e incorporar en uno mismo, como amante, el estilo de vida auténticamente cristiano. Sin embargo, la “iniciación” a la fe cristiana se ofrece a todo amante sin excepción ni discriminación alguna, y se realiza mediante los llamados sacramentos de la iniciación, básicamente con el Bautismo, seguido de la Confirmación y la Eucaristía. Ahora bien, un sacramento es un signo a través del cual y de modo eficaz se comunica y se participa la Gracia al creyente; es un modo como Cristo se da y se participa a sus amigos, los fieles, un modo por demás muy humano y original, puesto que toda comunicación humana es necesariamente simbólica. La unidad de los Sacramentos de iniciación cristiana se debe a que estos tres sacramentos concurren juntos a asegurar la progresiva configuración del amante con Cristo y su plena adhesión a la Iglesia.Los fieles, renacen en el Bautismo, se fortalecen mediante la Confirmación y se alimentan con la Eucaristía.


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Bautismo y Matrimonio

Ahora se intentará exponer el efecto expansivo que produce combinar, el matrimonio real por un lado y el bautismo cristiano por el otro, en una pareja de amantes. Cuando los amantes se encuentran bautizados y gravita sobre ellos la “cristoformación” y demás consecuencias derivadas de su bautismo y que ya hemos visto, la unión que entre sí componen, siendo en el ser, no puede ser de otro modo más que cristiana, pues el bautismo, al igual que el matrimonio inciden en el ser mismo de las personas, aunque de modo diverso. La unión de ambos sacramentos da como resultado una unión con dimensión trascendente, implicada necesariamente en la economía de la salvación, en la misión de Cristo y de la Iglesia. El sacramento del matrimonio es el matrimonio mismo pero de los bautizados, pues siendo ellos de Cristo, la unión que ellos componen lo es también.Que el matrimonio cristiano sea sacramento no comporta pues, modificación alguna a la estructura esencial del matrimonio; es más bien una dimensión, exquisita y escatológica, exclusiva de los cristianos, pero no un elemento más del matrimonio en sí. La sacramentalidad incide en el matrimonio añadiendo solidez y fuerza a su estructura, y profundidad (de contenido y de extensión) a la dinámica del amor conyugal.

La experiencia cristiana del amor conyugal es la realización, al modo humano, del amor que Dios le tiene al hombre: yo, como esposa o como esposo, puedo ser para mi cónyuge y para mis hijos experiencia real del amor de Dios, pues por el bautismo estoy consagrado a Dios e implicado en la misión cristiana y por efecto del matrimonio he materializado un amor semejante al amor de Dios, pues Dios nos ama con notas conyugales, esponsales, de plenitud, totalidad, incondicionalidad, perpetuidad y fecundidad.Amarnos conyugalmente, si somos cristianos, es recrear entre nosotros el amor de Dios.


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